miércoles, 2 de junio de 2010

BUTOH DE LUTO


Longevo fue Kazuo Ohno. También extravagante. El butoh se viste de luto y aquí la Susy lamenta la pérdida. Ayer, con 103 años murió en Yokohama, Japón, este precursor del butoh con 103 años. Empezó tarde, a los 43 años, pero vivió lo suficiente para impartir sus enseñanzas y para establecer una manera de entender la danza que hoy se ha hecho universal. El butoh fue una danza anti-occidental y anti-bélica. El horror de los estragos de la Segunda Guerra Mundial en Japón, la sensación de desesperanza de una nación poderosa que vio como una de sus ciudades, la desgraciada Hiroshima se reducía a cenizas, el sinsentido de aquella guerra y el peso de la derrota, fue el detonante del butoh, una danza de oscuridad, inspirada ciertamente en el Expresionismo Alemán en general y en la trágica Mary Wigman en particular. Ohno sabía de los horrores de la guerra, pues los vivió durante nueve años como militar, llegando incluso a ser prisionero en Nueva Guinea. Pasado el conflicto se produjo un encuentro llamado a ser definitivo con Tatsumi Hijikata (1928-1986), el padre fundador del butoh, con quien trabajó desde 1959 hasta 1966. Pero se separaron por diferencias artísticas. Hijikata creía en una danza más densa y oscura, y Ohno, que era más intérprete que creador, en un butoh más orgánico. Esa separación estableció las dos grandes vertientes actuales del butoh. Impresionado por el espectáculo de Antonia Mercé, La Argentina, que su madre le había llevado a ver, produjo su solo más emblemático y personal: Admirando a La Argentina (1977), que fue el que le dio el reconocimiento mundial. La ambigüedad sexual, el gesto travestido, el tono ritual y un aire de decadencia y horror espectaral marcaron la obra de este complejo artista que legó a su hijo, Yoshito Ohno, con quien llegó a bailar, toda su sabiduría. Su escuela, Kazuo Ohno Dance Studio, es un templo de la enseñanza butoh en la que se han formado cientos de bailarines occidentales y asiáticos. Su última actuación pública fue en 2007 pero, paralítico y muy mayor, a veces se le veía danzar con sus brazos en su escuela, hoy dirigida por su hijo. Vivió mucho y murió bailando. El butoh ha perdido a uno de sus grandes precursores.

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